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YO EL REY, HISTORIA FIRMADA


La contaminación gráfica en combinación con la personalización de la escritura son procesos llevados a cabo durante generaciones por miembros de una misma familia.

Entiéndase por contaminación los rasgos aprendidos y heredados

La característica más destacable de los Austrias, es la gran similitud entre los grafismos de Felipe II, Felipe III y Felipe IV, pues además de tratarse de escritura hiperligada, la tendencia dextrógira, así como el trazado irregular y la similitud de grafemas son los factores imperantes.

Sin embargo, el primer monarca y el último de la casa de Austria suponen una excepción gráfica.

En el caso de Carlos I, es justo incidir en las influencias centroeuropeas que en él hicieron mella, sin embargo en Carlos II “el hechizado”, ya que en aquella época sus escasas facultades físicas y mentales eran atribuidas a influencias diabólicas, se reflejaban en grafemas aislados entre sí, carentes de presión, dirección descendente, y falta de discernimiento entre palabras.

Sabiendo que la monarquía era la única forma de gobierno conocida, entendemos que los Borbones a su llegada a España, marcaran diferencias respecto a los anteriores, trayendo consigo aires de cambio procedentes del exterior, lo que implicaba una serie de tendencias que abogaba por la modernidad industrial, agrícola y social, así como el fomento de las artes y las ciencias, lo que recalaría en un ámbito educativo diferente.

Por ello, al contrario de lo que se vio anteriormente, en estas muestras gráficas se aprecia un gusto por la escritura que se hace reconocible, gracias a la abundante presencia de rasgos curvos y ondulados elaborados de manera pulcra y cuidada así como una proporcionalidad. Todo ello en su conjunto hace alusión a un sentido estético recargado y poco funcional.

También hay que tomar en cuenta el bajo nivel de alfabetización y la reciente acogida de la escritura por parte de las clases altas, por tanto, no es extraño que la aristocracia utilizara la escritura como reflejo de las corrientes estéticas del momento.

A partir del siglo XIX, apreciamos una diferencia en el modelo, pues sin dejar de tratarse de un grafismo artificioso, el nivel de este fenómeno es menor, de modo que la escritura comienza a tomar un matiz más funcional.

 

Aunque Juan de Borbón no reinó, se pensó oportuno su grafismo para llevar a cabo el análisis de la contaminación escritural así como la evolución gráfica

Pese a que el manuscrito de Alfonso XII, mantiene rasgos comunes con sus predecesores (letra y artificiosa, o letras l y R muy similares a las de Fernando VII) se aprecia un cambio reseñable, ya que se opta por integrar la rúbrica en el texto en vez de dibujar una filigrana de recorrido complicado de forma aislada en el lado derecho.

Continuando con el orden natural, reseñamos en la rúbrica de Juan Carlos I, que además de guardar una semejanza morfológica notable con la de Alfonso XIII, observamos que el procedimiento mediante el que fue elaborada, también coincide con el empleado por Juan de Borbón, porque en los tres casos, este elemento escritural es trazado con anterioridad al texto.

De todas formas, el modelo que se podía seguir anteriormente se ha quebrado, pues además de eliminar la fórmula “yo el rey” (Juan Carlos I lo utilizó sólo una vez), se aprecia una escritura filiforme, así como fusión de grafemas, cuyas principales características son la rapidez y la espontaneidad.